2003
360.0 x 315.0 cm
Museo Guggenheim BilbaoÓleo sobre lienzo pintado a mano en el tamaño y marco de su elección, realizado por encargo por nuestros artistas. ( Comprar impresión
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Life Forms 304 , 2003
Dimensiones de la reproducción
Nacido en Ordoñez de Reye, España, en 1963 – específicamente en Andoain, un pueblo profundamente arraigado en la historia y las tradiciones vascas – el viaje artístico de Pello Irazu Mendizabal está inextricablemente ligado a su tierra natal. Emergió como una figura clave en la revitalización de la escultura vasca durante los años 80, un período marcado por un renovado interés en la identidad regional y la expresión artística. Su obra no se limita a crear objetos; es una exploración del espacio, la forma y la relación entre el espectador y la obra de arte – un diálogo que desafía las nociones convencionales de escultura e invita a una profunda contemplación.
El desarrollo artístico temprano de Irazu fue profundamente moldeado por Jorge Oteiza, una figura imponente en la escultura vasca. La filosofía de Oteiza se centraba en la idea de que la forma debía estar intrínsecamente ligada a su función, rechazando el exceso decorativo en favor de la pura abstracción geométrica. Irazu inicialmente abrazó este enfoque, estudiando meticulosamente el uso del espacio y el compromiso de Oteiza con la eliminación de los elementos superfluos. Sin embargo, rápidamente comenzó a desviarse, incorporando materiales industriales – acero, madera, chapa de contrachapado – a su trabajo, un cambio que señaló una transición hacia una participación más táctil y experiencial con el espectador. Esta experimentación fue aún impulsada por su tiempo en Londres y Nueva York, exponiéndolo a corrientes artísticas diversas, incluyendo el minimalismo y el post-minimalismo.
La práctica artística de Irazu experimentó una transformación significativa en la década de 1980 y principios de los 90. Comenzó a desafiar las fronteras tradicionales entre escultura, pintura y fotografía. Famosamente comenzó a aplicar pintura directamente a paredes, creando composiciones murales que integraban elementos tridimensionales – objetos, formas y arreglos – en un solo espacio unificado. Esta difuminación de géneros no era meramente estilística; reflejaba una interrogación más profunda sobre la percepción y la representación. Deliberadamente interrumpía la jerarquía establecida entre el primer plano y el fondo, obligando al espectador a participar activamente en la construcción del significado. Su trabajo durante este período se refería frecuentemente a los espacios domésticos, deconstruyendo objetos familiares y reensamblándolos de maneras que creaban una sensación de desorientación e intriga.
El uso de materiales desechados, a menudo impresos, complicaba aún más el paisaje visual, superponiendo referencias y desafiando la noción de una imagen fija. Este enfoque se alinea con el conceptualismo, priorizando las ideas y los procesos sobre las preocupaciones puramente estéticas.
La escultura de Irazu ha sido reconocida por algunas de las instituciones más prestigiosas de España e internacionalmente. Su obra se exhibe prominentemente en colecciones como el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo Reina Sofía, el MACBA (Barcelona), el ARTIUM (Vitoria), el Museo de Arte Contemporáneo San Diego y el Guggenheim Museum Bilbao. Obras notables incluyen *Corazón* (1989) y *Plural* (1991), que se conservan en la colección de la Fundació Suñol, mostrando sus primeras exploraciones con las relaciones espaciales y la experimentación con materiales.
La contribución de Pello Irazu a la escultura contemporánea va más allá de la mera innovación estilística. Ha desafiado constantemente los límites de lo que puede ser escultura, cuestionando las convenciones establecidas e invitando a los espectadores a reconsiderar su relación con el arte y el espacio. Su obra continúa evolucionando, incorporando nuevas tecnologías y reflexionando sobre temas de representación y percepción. Sigue siendo una voz vital en el panorama artístico vasco, encarnando un espíritu de experimentación, rigor intelectual y una profunda conexión con su patrimonio cultural. Su exploración continua de la forma, la función y la interacción entre diferentes medios asegura que su legado como uno de los escultores más significativos de nuestro tiempo continúe creciendo.
1963 - , España