Una visión panameña forjada bajo la luz europea
David Solís, nacido en la Ciudad de Panamá en 1953, encarna una fascinante síntesis artística: una vida dedicada a tender puentes entre el vibrante patrimonio cultural de América Latina y las tradiciones consolidadas del arte europeo. Su viaje comenzó con estudios formales de arquitectura en la Universidad de Panamá, una base que le inculcó un profundo aprecio por la forma, la estructura y las relaciones espaciales. Sin embargo, el espíritu creativo de Solís pronto lo llevó a través del Atlántico hacia Marsella, Francia, donde se sumergió en el mundo de las bellas artes, refinando sus habilidades y expandiendo sus horizontes artísticos.
Este periodo resultó ser crucial. Aunque profundamente arraigado en su identidad panameña, Solís no buscó simplemente replicarla en un lienzo extranjero. En su lugar, se embarcó en un camino de fusión, absorbiendo las lecciones de los maestros europeos mientras exploraba simultáneamente las cualidades estéticas únicas inherentes a la cultura latinoamericana. Su obra comenzó a reflejar esta dualidad: un delicado equilibrio entre la precisión y el orden que suelen asociarse con los principios artísticos europeos y la vitalidad orgánica característica de su tierra natal.
La mirada del arquitecto: forma y abstracción
La formación arquitectónica de Solís está innegablemente presente en su arte, incluso en aquellas piezas que parecen puramente abstractas. Aborda cada composición con un sentido de construcción deliberada, considerando cuidadosamente la interacción de líneas, planos y volúmenes. No se trata simplemente de replicar edificios; se trata de comprender los principios fundamentales que rigen la percepción espacial y utilizarlos para crear experiencias visuales evocadoras. Sus primeras obras a menudo sugerían motivos arquitectónicos —fachadas fragmentadas, arcos elevados y patrones geométricos—, pero evolucionaron gradualmente hacia exploraciones más abstractas de la forma misma.
La influencia del Art Deco también es evidente en su estilo, particularmente en su énfasis en formas estilizadas, colores audaces y una sensación de elegancia moderna. Sin embargo, Solís trasciende la simple imitación, infundiendo estos elementos con una sensibilidad distintivamente latinoamericana: una calidez y un dinamismo que distinguen su trabajo. Él no se limita a tomar prestadas estas tradiciones; las transforma, creando algo completamente nuevo.
La Plie: el surgimiento de un estilo propio
Con el paso del tiempo, Solís desarrolló un estilo distintivo conocido frecuentemente como “La Plie” (El Pliegue). Esta técnica implica la manipulación de superficies —plegando, doblando y superponiendo materiales— para crear composiciones dinámicas que juegan con la luz y la sombra. Estas obras no son objetos estáticos; parecen existir en un estado de movimiento perpetuo, invitando al espectador a contemplar su forma desde múltiples perspectivas.
Sus esculturas, en particular, demuestran el poder de “La Plie”. A menudo se asemejan a paisajes abstractos o fragmentos arquitectónicos, evocando una sensación de familiaridad y misterio a la vez. El uso del color también es fundamental: tonalidades ricas y saturadas que reflejan la paleta tropical de Panamá. La obra de Solís no busca representar la realidad; su propósito es generar una respuesta emocional a través de la forma, el color y la textura.
Reconocimiento y legado
David Solís ha recibido el reconocimiento de la crítica por su enfoque innovador del arte, lo que le ha valido galardones como el segundo premio en la II Bienal de Arte de la Cervecería Nacional de Panamá en 1994. Su obra ha sido exhibida internacionalmente, cautivando al público con su mezcla única de sofisticación europea y pasión latinoamericana.
Más que un simple artista, Solís es un embajador cultural, una figura que encarna el poder de la fusión artística. Él demuestra que es posible honrar la propia herencia mientras se abrazan, simultáneamente, nuevas ideas y perspectivas. Su legado no reside únicamente en sus hermosas y estimulantes obras de arte, sino también en su capacidad para inspirar a otros a explorar su propio potencial creativo, uniendo culturas y celebrando la riqueza de la expresión humana.


